Monday 28 September 2020
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elpais - 2 month ago

Cuidado con esos vientos de fronda

De cal y de arena No tengo por qué dudar de la integridad del Presidente Alvarado Quesada como tampoco de la del Dr. Daniel Salas, Ministro de Salud, ni de la del Dr. Román Macaya, Presidente de la Caja Costarricense de Seguro Social. En particular de la rectitud moral de este último, que sé labrada en un hogar que cultivó con esmero la ética y la cultura de los valores. Como ellos, ha de haber en la función pública una gran mayoría de ciudadanos respetables. Pero también habrá quienes llegan a la función pública preñados de la vocación hacia el peculado, la malversación, el abuso de autoridad, el tráfico de influencias… gente que no opone reparos a la transgresión de los valores y la ética con tal de enriquecerse. Muchos expedientes se acumulan en la historia de la administración pública costarricense a propósito de conductas identificadas como “abuso del cargo público a cambio de una ganancia privada”, que es la definición que asigna el Banco Mundial a la corrupción. Muchos recordamos los casos del Banco Anglo, Aviación Civil, Compensación Social, los Certificados de Abono  Tributario, Alcatel, Fischel, la Trocha,  concesiones de obra pública, las “asesorías” en el ICE, el todavía inconcluso expediente del “cementazo”… La corrupción es grave por sí misma, más aún si el tiempo se encarga de proveerle una coraza de impunidad, y de convertirla en una rutina institucional en los pasillos donde se confunde el funcionario público con el malévolo propósito del gobernado corruptor. Años atrás, quizás no tantos, el Presidente Monge Alvarez y su Vicepresidente Arauz Aguilar, fueron víctimas de los asaltos a las arcas públicas protagonizados por funcionarios que sirvieron en su gestión con ignominiosos propósitos y por supuesto, a sus espaldas, habilidosos para hallar la trampa oculta tras los párrafos de la ley. Hoy, cuando la crisis de valores trastrueca el principio de que la honestidad se presume hasta que se demuestre lo contrario, esta sociedad se eriza ante las informaciones de una investigación periodística de “La Nación” que abundan en datos que delatan manejos no precisamente prístinos de algunas compras de equipos y bienes que ha debido hacer la Caja Costarricense de Seguro Social para encarar los descomunales desafíos que plantea la pandemia del covid-19. La institución ha dispuesto abrir una investigación con todo el rigor que el caso demanda. Qué bien, sin contemplaciones, sin dispensas, con la firme determinación de purgar los ámbitos purulentos, si es que los hay. Es delicadísima y demasiado grande la gestión encomendada a la CCSS y hay que mantenerla a buen recaudo. El prestigio y el honor de sus administradores están en juego pero también la majestad de la más importante  institución en lo que atañe a la preservación de la calidad de vida del costarricense. Recuerde don Román –y con él su gente de confianza- que por uno que madruga, hay otro que no se acuesta. Y que una cosa piensa el burro y otra quien lo lleva. (*) Álvaro Madrigal es Abogado y Periodista


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