Saturday 15 August 2020
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elpais - 1 month ago

Alerta, no es generación espontánea

Generación espontánea es un término para referir la teoría antigua según la cual los seres vivos podían nacer espontáneamente a partir de materia orgánica, inorgánica o la combinación de ambas, fue sustentada por los filósofos de la antigüedad griega como Aristóteles quienes pusieron los cimientos para explicar la teoría. Posteriormente en los siglos XVII Y XVIII, la teoría fue experimentada, documentada y argumentada por científicos como: Jan Baptiste van Helmont, Isaac Newton, Descartes, y Francis Bacon. Los experimentos para demostrarla ahora nos parecen que rayaban en la ingenuidad, pero eran los rudimentos de una ciencia incipiente para explicar los fenómenos de la realidad, recordemos que en esa época las explicaciones mágicas, mitológicas o leyendas eran la forma más aceptada de ver el mundo. Jan Baptiste van Helmont realizó un experimento que publicó en 1667 que consistía en dejar su ropa sucia mezclada con trigo en un recipiente abierto, en el cual, al cabo de un tiempo salieron ratones y así “demostró” que la vida surgía espontáneamente. Otro experimento era dejando carne putrefacta al aire, en la cual supuestamente no llegaban moscas, pero con el pasar de algún tiempo salían larvas, así se explicaba que la misma carne tenía la propiedad espontánea de generar vida Hubo algunos intentos de rebatir la teoría por parte del científico Francesco Redi en 1668 y años más tarde en 1760 Lázaro Spallanzi realizó experimentos para demostrar que la generación espontánea no era cierta, pero no fue hasta el siglo XIX (1861) que el científico Louis Pasteur mediante sus experimentos invalidó la teoría y explicó que la vida animal o vegetal solo se puede generar a partir de otro ser vivo ya existente. A este principio se le conoce como biogénesis. Así explicó y aclaró a la comunidad científica de su época y hasta el día de hoy, cómo se reproducen y propagan los seres vivos, entre estos los hongos, virus y bacterias. De ahí en adelante la ciencia ha tratado de explicar la interacción de los seres vivos y especialmente la interrelación ser humano naturaleza para entender realidades como la vida, la salud, la enfermedad, la higiene o la muerte. El término generación espontánea pasó a ser un elemento ya no para designar la propagación de la vida, y en el léxico popular actual es usado por la psicología, la sociología, la antropología, la política y la cultura entre otros saberes para designar e incluso ironizar fenómenos sociales que en apariencia no tienen una explicación científica y el imaginario social los acepta como hechos espontáneos de la naturaleza humana. Es aquí, en el contexto de la pandemia actual causada por en virus SARS-Cov-2 y lo que está pasando en el mundo y nuestro país, donde queda claro que no pasa por generación espontánea. Aunque muchos y muchas lo aceptan como tal y no se cuestionan cómo, de dónde, cuándo o porqué surgen situaciones y acciones o conductas individuales o colectivas frente a la pandemia. En la situación específica de la pandemia, la gama de comportamientos es muy amplia. El ser humano siempre se comporta de manera particular y diversa, siempre ha sido así, es conveniente y aceptable, especialmente en estos tiempos donde buscamos una sociedad pluralista, tolerante y diversa. No obstante, la conducta humana está regida por parámetros de convivencia y conveniencia social y legal. Es decir, yo puedo hacer lo que quiero y como quiero siempre y cuando no atente contra mí mismo, contra mi entorno natural y contra la colectividad. Incluyendo mi red de relaciones sociales más próxima como mi familia, mis vecinos, mi barrio, mi comunidad o en plano más extenso mi país. La pandemia de la Covid 19 descorrió el velo, hemos visto las muestras de altruismo, solidaridad y empatía en nuestro país y en todo el mundo. Personas, instituciones, organizaciones comunales, gremios de profesionales, comercios, empresas, iglesias, gobiernos, preocupándose y ocupándose para gestionar todo tipo de ayudas para cubrir las necesidades de las personas más afectadas por la pandemia. También hemos visto el reconocimiento y las muestras de gratitud de la población en general hacia todas las iniciativas, las más evidentes a los equipos de salud y los equipos de seguridad. Este es el lado claro del planeta y de la humanidad, el bonito, el que nos conmueve y nos inspira sentimientos de esperanza, de lucha de colaboración. No obstante todos y todas sabemos que se ha develado una realidad siempre presente envuelta en una nebulosa maquillada con los mensajes cosméticos del desarrollo. Este lado oscuro del engranaje político, económico, social de una sociedad, que independientemente de su filiación ideológica, tiene intereses hegemónicos ejercidos de la posición de poder para implementar o imponer modelos ideológicos o económicos, con pretensiones de dominio y legitimación hacen surgir figuras con características particulares pero con rasgos de personalidad en común como el hedonismo y el narcisismo. Todos y todas tenemos reacciones psicológicas diferentes ante los eventos que nos depara la vida, estas están respaldadas por nuestra historia personal y comunitaria y de acuerdo a nuestros recursos como la resiliencia que hemos desarrollado, la cual es la capacidad que tenemos para enfrentar las dificultades que se nos presentan mediante el uso de las estrategias de afrontamiento, sacando de nuestra propia capacidad mental para resolver los obstáculos. Hay que resaltar también que en este acontecer lo psicológico influye lo físico o biológico y viceversa. Estas actuaciones a raíz de la amenaza de la pandemia se presentan en todo los niveles y escenarios. La hemos visto a nivel familiar, comunal, gubernamental, laboral, empresarial en el contexto nacional, regional y mundial. Ha llamado la atención la actuación de altos líderes políticos que han desplegado su conducta de una forma tan contundente que más parece un ritual de pavoneo que una conducta sensata. A nivel nacional es constante la denuncia de fiestas privadas y familiares con grupos de personas exponiéndose al contagio del virus, una actitud de insensatez, e irresponsable, apelando al libre albedrío, a la voluntad propia, al derecho a la privacidad, al derecho a reunión, a la fatiga o el cansancio producido por la cuarentena y las más diversas y absurdas justificaciones. La prensa reporta constantemente denuncias a la policía de reuniones “clandestinas.” Esta acción, individual y colectiva desafía el orden social y jurídico, irrespeta el derecho de los demás y a las autoridades, pone en riesgo la salud del colectivo social, es un juego con la vida-muerte. Esta conducta obedece más a un afán de trasgredir las normas es un goce perverso de jugar con lo riesgoso, con lo prohibido, con el peligro. El patrón común probablemente ha sido que una o varias personas organizan el evento y lo proponen a un colectivo próximo (familia, amigos, compañeros, residentes de un condómino o barrio, grupo de pares) y este grupo lo acepta y asume. Entonces vemos que en la acción hay un alto grado de manipulación por parte de los que lo planean para “arrastrar” a otros y otras a un comportamiento inadecuado. Esto refuerza el goce narcisista de asumir el papel de líder o lideresa que otorga poder sobre los y las demás. No podemos aceptar que este colectivo que es manipulado no tiene elementos de análisis para poder evaluar la propuesta, exceptuando a los niños y niñas y alguna persona adulta con alguna disfuncionalidad cognitiva. Por tal motivo también entran en la dinámica de gozar incumpliendo las normas establecidas. No es extraño entonces el aumento considerable de casos y el anuncio de las autoridades de que ya hay transmisión comunitaria. O sea no sucede por generación espontánea. Se puede hacer notar la conducta de algunas empresas en la Región Norte que históricamente han contratado nicaragüenses legales e ilegales y que ante la urgencia de mano de obra para sus labores no dudaron de hacer uso de este recurso sin tomar ninguna medida de precaución sanitaria y asumiendo irresponsablemente el riego de contagio con la Covid 19, con el consecuente aumento de casos de personas infectadas en las áreas donde operan. Los y las empresarios no pueden argumentar que no sabían que se corría un riesgo y que desconocían la situación de emergencia en el país, además de la situación en el vecino país de Nicaragua, que hasta el día de hoy los medios de comunicación no aliados al Gobierno, manifiestan que no se ha asumido ninguna de las recomendaciones hechas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), además de la constante denuncia de que los datos oficiales suministrados por las autoridades no son fidedignos. Entonces cómo entendemos este comportamiento de personas que contratan a migrantes de reciente ingreso y “creen” que no va a pasar nada, o asumen deliberadamente las consecuencias. Con la justificante de que la producción tiene que seguir, las empresas no pueden parar, la economía es la prioridad. Aunado a la ya trasgresión y explotación de algunas empresas contratando ilegales, sin ofrecer las condiciones laborales, legales, sanitarias y humanitarias. Se trasluce entonces un alto grado de prepotencia. Esto se llama perversión del sistema, con una gran permisibilidad, corrupción e inoperancia para proteger a los y las nacionales y a los y las extranjeros que vienen a trabajar. Alerta, esto no pasa por generación espontánea. Los discursos políticos de los líderes y líderesas ante la pandemia, tienen una similitud asombrosa. Hombres y mujeres de la arenga política mundial, reconocidos como antagónicos ideológicamente coinciden asombrosamente en sus actitudes, discursos y conductas. Minimizan la amenaza de la pandemia, se ubican en la posición de expertos, ironizan con la situación, priorizan lo económico como valor primordial antes que la vida, recurren a elementos mágicos, pronuncian discursos altisonantes, están sumamente preocupados por su imagen y su gestión, utilizan la pandemia para generar réditos políticos y electorales, se muestran invulnerables, se creen omnipotentes, no escuchan recomendaciones, se burlan de las críticas, mienten, hacen alianzas estratégicas con personas o grupos, cuentan con un buen grupo de seguidores que los venera, les gusta ser el centro de atención, transmiten una idea de la realidad distorsionada. La lista podría ser más amplia pero con esto podemos darnos cuenta que estamos ante la influencia de individuos que deben ser cuestionados. Haciendo una amalgama de tres figuras públicas actuales tenemos el barro para una particular escultura que se alza imponente en el mundo e inspira y representa la desfiguración de la realidad ante la pandemia del Covid 19: -Donald Trump, el actual presidente de los Estados Unidos, que entre otras manifestaciones propone el lema “Hagamos grande a América otra vez” ¿Cuál América? La del norte, porque en su reducida cosmovisión no cabe la América Latina. Levanta una Biblia públicamente como instrumento de combate ante la pandemia y en conferencia de prensa se atreve a dar la sugerencia disfrazada de pregunta de si se puede usar el desinfectante como alternativa de tratamiento para la Covid 19, ante el estupor de sus asesores. Y ante las desavenencias con la OMS toma la decisión arbitraria de retirar a su país de esta instancia y cancelar los fondos aportados a la misma. -Jair Bolsonaro, el presidente ultra derechista de Brasil en las etapas iniciales de la pandemia afirma que la Covid 19 es una “gripecilla.” Hace concentraciones con sus copartidarios y alza como estandarte la imagen de Jesús de la Divina Misericordia como protector ante la pandemia. No sigue ni promueve las recomendaciones de la OMS. Además, hace declaraciones a la prensa sobre la situación riéndose como si se tratara de un juego. -El tercero, pero no menos significativo el Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega y su nepotismo descarado con su esposa como Vicepresidenta. Después de un mes “desaparecido,” aparece con su Consejo de Gobierno en conferencia de prensa, minimizando la situación de pandemia, no dando datos fidedignos sobre el contagio y muertes por la Covid 19. Permitiendo, organizando y alentando concentraciones públicas de la población celebrando diferentes eventos. Omitiendo las recomendaciones de la OMS, rechazando las propuestas de ayuda de la Iglesia Católica y calificando como injerencia en los asuntos internos del país cualquier recomendación o crítica de su gestión. Cualquier similitud entre estas tres figuras no es mera coincidencia, por eso la receta con estos tres insumos nos proporciona una imagen integrada, icónica y referente de la prepotencia y el despotismo al que un líder político puede llegar. La careta del supuesto interés por el bien común y el bienestar de la población son palabras vacías que no se respaldan con los hechos, la priorización de la economía como valor absoluto antes que la vida, refleja el coqueteo perverso con el binomio vida-muerte. La pandemia ha revelado las patologías psicológicas. Las armaduras cayeron por el suelo, la crisis pandémica oxidó los pernos y ahora la desnudez nos revela las incongruencias, la insensatez, la inmadurez, la falta de cordura y respeto de estos individuos. Vuelvo a decir, esto no pasa por generación espontánea. Estos comportamientos son patológicos e igual que el virus adquieren capacidad de transmisión infecciosa. Muchos y muchas adquirieron el elemento patógeno, quizás lo han incubado por mucho tiempo, o se han mostrado como “asintomáticos,” de lo que si estamos seguros es de que no han surgido por generación espontánea, es un producto social que ha sido propiciado, alentado, cultivado, alimentado y propagado por seres vivos a otros seres vivos, según la biogénisis, o sea por los seres humanos. Es el juego de poder y dominio a todos los niveles con el afán de promover el principio darwiniano de sobrevivencia del más fuerte. La supremacía encubierta por los ideales de desarrollo y cubriendo con manto de sombra la desigualdad social y las vulnerabilidades del sistema. Igual que una enfermedad esto puede adquirir dimensiones pandémicas. Cada día vemos y escuchamos más la situación de irregularidad de algunas empresas, la insistencia de algunos sectores productivos para la reactivación económica a ultranza sin prever las consecuencias y las denuncias de concentraciones de ciudadanos y ciudadanas en “fiestas” en nuestro país. Todas estas conductas censurables que responden a un afán de satisfacer los intereses individuales o gremiales, sin importar el bienestar de la mayoría. Ante esta situación hay que reeducar a la población, la primera consigna es tomar conciencia de que nada pasa por generación espontánea, hay que buscar las raíces, tomar conciencia clara de que lo que pasa es el resultado de una historia individual y colectiva, la pandemia es solo un detonante que descubre nuestra realidad. Cada individuo debe asumirse como sujeto de cambio, como protagonista. Analizar las falencias del sistema que producen esta realidad, denunciarlas, construir y anunciar propuestas surgidas desde el consenso social que beneficien a las mayorías. Nadie se salva de las reacciones y la vulnerabilidad psicológica en la pandemia, debemos acudir a nuestra capacidad de afrontamiento, a la capacidad de análisis de la situación, a la información correcta, a nuestra capacidad en la gestión de riesgos, al autocuidado y el cuidado del otro u otra, a generar empatía. A dejarse asesorar o conducir por los y las expertos, sin perder la voluntad y la autonomía. Darle espacio a la dimensión de esperanza y tener la firme convicción de que esto pasará y tenemos la capacidad de salir adelante. Las vulnerabilidades psicológicas también “abren la puerta” al virus SARS-CoV- 2, para este todavía no contamos con una vacuna, para crear conciencia social hay que promover la inmunidad adquirida, su sistema psicológico tiene las defensas, es una inmunidad de “rebaño. ALERTA, NO SE DA POR GENERACIÓN ESPONTÁNEA. (*) Licdo. Frank Araya Gamboa, Psicólogo UCR


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